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5.8.2. El efecto de los distractores.

[El error como problema de los problemas, 5. Recapìtulación, 5.8. Conclusiones]

Los distractores que utilizamos en nuestros problemas pretenden hacer una estimación a como dichos elementos, que no aportan una dificultad intrínseca, pueden interferir en la eficiente obtención de la respuesta correcta.
Es cierto que se podrían haber evitado una buena parte de ellos, la mayoría, y se hubieran obtenido resultados mucho más optimistas y satisfactorios, pero también lo es que este entrenamiento para la vida que es la enseñanza obligatoria habría quedado algo cojo pues en las situaciones cotidianas se presentan de manera habitual problemas análogos y esos futuros ciudadanos adultos, hoy alumnos, se han de enfrentar y resolver.
La mochilla de aprendizajes, destrezas y capacidad de resolución en la vida adulta ha de pesar más, en mi humilde opinión, que la creación y mantenimiento de una burbuja de enseñanza plana, divertida y sin esfuerzo.
Aprender no siempre es divertido, al menos inicialmente, pero merece la pena dedicarle constancia y trabajo para poder llegar a disfrutar de lo aprendido y utilizarlo de forma favorable al crecimiento personal.
Estas pequeñas trampas entre los textos de los problemas que adquieren las más distintas formas actúan a modo de tropiezos a lo largo del recorrido resolutorio y los alumnos con menos maduración, más pequeños, menos reflexivos o más primarios e influenciables tienen más dificultades para solventarlos.

Unas veces se tratará de información inherente al concepto pero que se oculta explícitamente en forma de dato, otras consistirá en la presentación de información numérica en forma literal, lo que facilita una cierta opacidad del dato, otras se formularán preguntas inesperadas cuya respuesta no requiere operatoria ninguna pues sólo se solicita un dato directo, otras se hará énfasis en un dato teniendo en cuenta su colocación -al inicio o al final- con la finalidad de ejercer una presión de ese dato sobre el resultado, etc.

Como vemos, la finalidad de todos los dispersores es más crear ciertos conflictos en la comprensión de los textos que incrementar la dificultad del problema. Persiguen que los alumnos no se confíen sólo de las apariencias ni de las suposiciones ni de las presunciones y que se atengan lo más fielmente posible a la literalidad de los enunciados. Leer y releer el problema hasta estar seguro de comprenderlos es previo al inicio de la resolución.

No siempre los equívocos en la RP son imputables a carencias o deficiencias de conceptos y destrezas propias del lenguaje matemático. En general analizados los distractores como fuentes de error están más cercanos a las deficiencias de lenguaje -lectoescritura- que los estrictamente matemáticos:conceptuales u operatorios.
Desgraciadamente, a veces, son mucho más globales. A veces se trata de problemas bastante anteriores evolutivamente hablando y también mucho más laboriosos de corregir.
La falta de una capacidad lectora necesaria la convierte en silábica, a trompicones y sin sentido y ello dificulta enormemente la comprensión.
También la complica una pobreza léxica que queda reflejada en la falta de precisión de los conceptos muchas veces oídos y también usados, más como por aproximación que con esmero y exactitud. No pocas veces los problemas que aparecen en el área matemática, están muy relacionados con estas deficiencias de lenguaje y con problemas de pobreza y simplificación léxica. Hablas y conversaciones abarrotados de ‘wais’, ‘molas’, ‘cachis’ o ‘quetecagas’ tan en boca de nuestros jóvenes y otros que, sin serlo, los simulan en un intento vano de pasar por tales.


  5.8.1 Tiempo, dificultad, forma   5.8.2 Efecto distractor   5.8.3 Conceptos erróneos
  5.8.4 Errores de cálculo   5.8.5 Error en la operación   5.8.6 Sobre Geometría
  5.8.7 Algo de lógica   5.8.8 Multiplicativos y partitivos   5.8.9 Sistema métrico y decimal

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