La autocorrección es la vigilancia constante del proceso. El error deja de ser un destino para convertirse en una desviación detectada a tiempo por mecanismos de control interno.
Trabajamos para que el alumno se detenga tras cada paso clave. ¿Es coherente este resultado parcial? ¿He arrastrado bien el dato anterior? Esta revisión activa ahorra tiempo y construye una confianza inquebrantable.
Un proceso con autocorrección es un proceso maduro. Justificar el cambio de rumbo a mitad del problema ("he borrado esto porque no cuadraba con el dato inicial") es una de las mayores muestras de talento y rigor matemático.