La autonomía es el impacto más trascendente de nuestra metodología. La gestión de los propios errores da una independencia que libera de la dependencia constante del docente.
Buscamos que el niño sea el protagonista de su proceso. Al dominar el origen, la estrategia y el rigor, desarrolla una seguridad personal que le permite enfrentarse a retos desconocidos con la calma de quien sabe cómo orientarse.
Pensamos que un aprendiz autónomo es aquel que justifica sus decisiones por convicción y no por obediencia. Lograr que un niño valide su trabajo de forma crítica es convertir el aprendizaje en algo sólido, duradero y plenamente aceptable.